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Título: Ensayo sobre la ceguera
Autor: José Saramago
Año: 1995

Sinopsis

Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron». José Saramago traza en este libro una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos que estamos viviendo. En un mundo así, ¿cabrá alguna esperanza? El lector conocerá una experiencia imaginativa única. En un punto donde se cruzan literatura y sabiduría, José Saramago nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad.

Opinión personal

A lo largo de la vida no se puede evitar cometer ciertos sacrilegios. Los hay que arremeten contra la fe (estos son los más fieles al diccionario), otros reconocen no haber visto ni una sola película o leído un libro, los hay que adoran a la Esteban (sí, creo que se puede ser sacrílego adorando a “algo”) y luego está un servidor, que hasta ahora no había leído un solo libro de José Saramago.
No sé si hay alguna explicación, supongo que no. Nunca recuerdo haber pensado “Saramago, esto tiene que ser un coñazo”. Supongo que hay tanto para leer que todavía no le había llegado su turno. Y después de leer “Ensayo sobre la ceguera” me alegro enormemente de que al fin haya llegado a mis manos.
En este ensayo novelado, el autor luso nos ofrece una historia en la que, como él mismo dijo, “plasma, critica y desenmascara a una sociedad podrida y desencajada”. El libro nos narra el devenir de una ciudad en la que una ceguera blanca se extiende como la pólvora. Nadie sabe cuál es su origen ni cómo curarla. Y tampoco importa. Lo que realmente importa de la historia es cómo reaccionan los individuos al hecho de no poder ver y, sobre todo, a que el resto no les pueda ver.

Usted es escritor, tiene, como dijo hace poco, obligación de conocer las palabras, sabe que los adjetivos no sirven para nada, si una persona mata a otra, por ejemplo, sería mejor enunciarlo así y confiar que el horror del acto, por sí solo, fuese tan impactante que nos liberase de decir que fue horrible, Quiere decir que tenemos palabras de más, Quiero decir que tenemos sentimientos de menos.

Partiendo de la base de que el hombre no comete atrocidades porque hay otros al lado para juzgarlas y evitarlas, Saramago sigue la pista de esa bondad que puede surgir hasta en las peores situaciones. Bondad que choca con el egoísmo y la brutalidad más exacerbada producto de la necesidad y de la ausencia de leyes.
“Ensayo sobre la ceguera” es una novela impersonal, no hay nombres en ningún momento, e incluso hay personajes (como el escritor) que se niegan a darlo. “¿Para qué?” se pregunta, ya no tiene sentido si nadie le puede leer. Saramago consigue así que no pensemos que estas actitudes son propias de “Fulanito” o de “Menganito”. Al no haber nombres esos personajes podemos ser nosotros mismos. Evita así el “yo nunca lo haría”.
Si bien la novela nos habla de un supuesto (futuro), no deja de ser una crítica. Una crítica brutal hacia la sociedad actual, sumergida en el individualismo absoluto. Si todo el mundo está ciego y no somos capaces de reconocer a quien tenemos al lado, ¿quienes somos? ¿No perdemos la individualidad? ¿Cómo reconocernos? ¿Acaso no estamos ciegos ya? Resulta perturbador cuando menos…

La gente joven se conforma rápidamente, tiene toda la vida por delante.

Por último, resaltar el estilo de Saramago. No sigue las reglas. No hay marcas de diálogo y apenas párrafos. Al principio se hace raro pero enseguida se le coge el tranquillo.

Conclusión

Novela imprescindible de un merecidísimo premio Nobel.

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